La semana pasada, en mi entorno blogero favorito, fue la Semana Oculta de las Galletas. Sí, nadie lo dijo (porque si no no sería oculto) pero tengo indicios vehementes. Es como una conspiración judeomasónica que hasta que no estás dentro del todo no te enteras ni del NODO. Y como en el fondo acabo de llegar llevo la toga de iniciación, reparto cafés cual becaria y sólo puedo tener sospechas. También es posible que sólo fuera casualidad, pero es más aburrido, prefiero lo de la Semana Oculta de las Galletas. Y como no puedo parar de hacer todo lo que me entra por el ojo reproduje las galletas integrales con salvado de Alicia y las Pim's de Nuria. Porque así soy, culo veo culo quiero. Las de Alicia para el desayuno fueron gloria divina y las de Nuria me las comí en dos excursiones a la cocina (Nota mental: dejar de ir a la cocina entre horas). Si me miro la lorza todavía puedo verlas, ahí, tan quietas, sin un ápice de intención de moverse por sí solas de mí.
Así que, siguiendo con esto del ocultismo galletil, y por si me parecían poco las galletas de las jefas, me dispuse a hacer unas con la mejor harina repostera del mundo: la harina de algarroba.
Cuando trabajo en la carnicería de Alcampo, uno de los carniceros, siempre que me ve mover cajas de carne que pesan tres toneladas sin un soporte con ruedas (el que sea), me suele preguntar a gritos: "¡¿Tú has crecido debajo de un algarrobo?! ¡Que te vas a hacer daño!". Yo me río y sigo haciendo el belloto, es mi estilo (luego la espalda me insulta al cerebro).
Cada vez tengo más claro que sí, que crecí debajo de un algarrobo porque la harina de algarroba me encanta. Igual es por su "parecido" al chocolate (aunque no sea yo muy chocolatera). Pero el caso es que todo lo que provenga de la algarroba es una delicia. Hasta una cucharada de esta harina en un vaso de leche le da una patada en el orgullo a los colacados y los nesquickes. Que el color chocolate es de la propia harina, cero cacao. Para despistar al comensal: harina de algarroba. Si no habéis probado a elaborar nada con ella os recomiendo que os acerquéis al herbolario, compréis una bolsa (que además está bien de precio) y hagáis lo que se os ocurra. Ya veréis, ya. Yo os dejo por aquí la receta de las galletas.
80 g de harina de trigo
70 g de harina de algarroba
1/4 cucharilla de café de bicarbonato
40 ml de aceite vegetal o 50 g de aguacate triturado
40 g de azúcar de abedul, azúcar o equivalente en edulcorante
10 nueces peladas machacadas (o cualquier fruto seco que nos guste)
1 huevo M o 40 ml de leche (de vaca, soja...). Si no somos intolerantes recomiendo usar el huevo.
Mezclamos las harinas y el bicarbonato. Añadimos la grasa vegetal (el aceite o el aguacate) y el huevo batido o la leche junto con el azúcar o edulcorante. Por último agregamos las nueces picadas. Amasamos bien hasta que sea una pasta compacta. Damos forma de bola, envolvemos en papel film e introducimos en la nevera unos 30 minutos. Sacamos, aplanamos con un rodillo y vamos cortando las galletas con la forma que queramos. Cuanto más finas las cortemos más crujientes quedarán tras el horneado. Si nos gustan tipo bizcochonas sólo hay que aumentar el grosor. Precalentamos el horno. Horneamos las galletas a 180º unos 10-15 minutos. Sacamos, dejamos enfriar (endurecerán) y ¡a disfrutar!

