14 de mayo de 2015

Sopa de trigueros, cardo mariano y col china


Normalmente por las mañanas estoy on fire. Me levanto y si las calles no estuvieran ya puestas las pondría yo. Luego a las 5 de la tarde parezco un higo turco en el sofá. Aunque como por la mañana ya he hecho todo lo que tenía que hacer (a no ser que haya algún contratiempo), tampoco me preocupa. Pero de vez en cuando pasa una cosa: hago sopa por la mañana y luego hace un calor que viene de nadie sabe qué lugar y de repente en vez de una cena lo que tengo es una agonía. Y esto me pasó ayer. ¡Que parecía julio! Ingenua de mí haciendo sopa tan feliz por la mañana. Pero no hay mal que por bien no venga. Yo que no voy al gimnasio, porque lo que valen está fuera de mi presupuesto, ayer tuve un vale de una sesión de ¡sauna gratis! Terminé de cenarme la sopa y no sabía si meterme a la ducha, aprovechar la coyuntura y salir a correr o quedarme sentada en la silla agonizando un rato hasta que se me pasara el calor. Obviamente hice lo tercero. Un nuevo propósito es moderar mi energía matutina, así me evito este tipo de contratiempos.
¡A la sopa! El sabor del cardo mariano me reconforta inexplicablemente. Normalmente se infusiona y poca gaita más, pero me gusta echarlo en las sopas por el sabor como a caldo de verduras que deja. Lo suelen vender en herbolarios, aunque también lo he visto en Carrefour en bolsitas en la frutería. Hay que tener en cuenta que en muchos casos no nos venden sólo las hojas de cardo, en el revoltijo verde van también los pinchos. Fijáos en ello antes de echarlo no vaya a ser que tengáis una sopa para darle a vuestros mejores enemigos. Si viene con los pinchitos, infusionáis antes el cardo, lo coláis y santas pascuas.

Para dos raciones

250 g de espárragos trigueros
2 cucharadas soperas de hojas secas de cardo mariano
200 g de col china
1/2 cucharada de postre de pimentón picante
agua
aceite de oliva
sal

En una olla con aceite de oliva y pimentón rehogamos los trigueros a fuego lento. Cuando ablanden vertemos el agua y añadimos el resto de ingredientes. Dejamos cocer unos 15 minutos. Sacamos, servimos y ¡a usar esas cucharas!.

11 de mayo de 2015

Tarta bizcochona de manzana y almendra


Os voy a contar un poco mi vida, que estoy espléndida hoy. Tengo dos hermanas, una mayor y otra pequeña. Eso quiere decir una cosa: soy "la del medio", con todas las consecuencias que eso tiene. Si estáis en la misma situación ya las conoceréis y si no ya os iré contando las bondades y maldades de esta peculiar circunstancia familiar. 
El caso es que las tres cumplimos años en mayo, como si fuéramos flores o algo, pero flores putrefactas porque ¡vaya lástima de salud que tenemos! (unas más que otras). Y ayer fue el cumpleaños de mi hermana mayor (que es infinitamente más vieja que yo. Tiene un año más). Las tartas favoritas de mi hermana son las de manzana, así que todos los años por su cumpleaños le hago una para que esté contenta el resto del año (tampoco voy a hacérsela más veces que luego se acostumbra y le gusta). Cada año cae una distina, porque tartas de manzana ¡hay tantas y están todas tan buenas! Así que ayer por la mañana, mirando lo que tenía por la cocina, saqué unos cuantos ingredientes y adapté la receta de la tarta de manzana sueca. Que estoy convencida de que no inventé nada pero yo os dejo por aquí mi variante porque, lo que es buena, estaba un rato buena.

Para un molde de 20 cm

100 g de harina floja
75 g de almendra molida
7 g de levadura química
100 g de azúcar
100 g de margarina ligera fundida
2 huevos
2 manzanas reineta

Para el glaseado:
20 g de margarina ligera
2 cucharadas soperas de azúcar glas
1/2 cucharada de postre de canela en polvo

Tamizamos la harina con la levadura. Añadimos el azúcar y la almendra molida. Vertemos la margarina derretida y los huevos batidos. Mezclamos hasta que la masa sea homogénea. Pelamos las manzanas. Una de ellas la cortamos en cubitos y la otra en láminas para la superficie. La manzana en cubitos la agregamos a la masa. Engrasamos un molde y vertemos la mezcla. Colocamos la manzana laminada encima. En el horno precalentado introducimos el molde y mantenemos a 180º unos 40-50 minutos. Pinchad para ver si el bizcocho está hecho. Sacamos del horno. Hacemos el glaseado. Mezclamos la margarina derretida con el azúcar y la canela. Yo lo hice al baño María que, aunque parezca que no, es más efectivo. Pintamos la tarta mientras aún sigue tibia. Dejamos enfriar. Servimos y ¡que aproveche!

Paté de zanahorias y harissa



¡Pero qué calufato cordobés hace de repente! Parezco un hamster en agosto. Bueno, la verdad que mi solución ha sido cambiar los pijamas de forro polar, que ya iba tocando (cof, cof), y ya parece que no sufro tanto.
Ya sabéis que me encantan los patés vegetales y celebro que haga buen tiempo porque como que pega más tenerlo encima de la mesa en cada comida. Normalmente no hago paté de zanahorias porque suelen ser las zanahorias, junto con el apio, las crudités que acompañan el moje-moje y porque las zanahorias me gustan mucho más sin cocer. Pero de vez en cuando alguno cae. Éste, con su toque picante, es un poco particular pero ¡está estupendo!

350 g de zanahoria
1/2 nuez de jengibre
1 cucharada de postre de cominos molidos
1 cucharada de postre de harissa
1 diente de ajo
sal
aceite de oliva al gusto

Cocemos la zanahoria, el ajo y el jengibre. Pasamos al vaso de la batidora con el resto de ingredientes y trituramos hasta que quede una textura a nuestro gusto. Servimos y ¡a disfrutar!

7 de mayo de 2015

Flapjacks ligeros de avena, plátano y arándanos


¡Ya suenan! Las elecciones en materia política tienen banda sonora propia: el ruido de martillo neumático en acción. De repente las ciudades se convierten en un Lego city y uno tiene que andar sorteando hoyos, camiones y obreros gratinándose al sol a los que no les cierra la camisa en la barriga comiéndose un bocata de chorizo más grande que su cabeza. Cada cuatro años la misma gaita. Y en el fondo se parece mucho a cuando voy a comprar unas velas nuevas y las pongo encima de la mesa. Pienso: ¡mira qué bonito! Y a los 4 días se ha llenado de polvo. Un poco por cambiar, pero es tan rápido el cambio que en el fondo es una chapucilla castellana. 
Así que ya que estamos de cambios chapuceros y rápidos yo me uno a la causa y le he dado una vuelta a la imagen del blog. (No es que me vaya a presentar a las elecciones ni nada pero creo que es contagioso).
Lo mejor del martillo neumático en funcionamiento desde las 8 de la mañana es que...¡tapa el ruido infernal del pájaro satánico que no emigra de los árboles de enfrente de mi casa! Así que no sé si estoy un poco más feliz. Haré una lista de pros y contras: pájaro vs. martillo neumático.
Al lío. Los flapjacks son una pequeña delicia británica que me encantan (que tengo buen zampe). Sólo tienen un problema: muuuuucha mantequilla. Y no es que me preocupe la operación bikini (que los que me conocen ya saben que no me acerco a una playa o piscina ni con un palo), pero me preocupa la operación "tienes un estómago que cada vez aguanta menos tus caprichos". Así que a regañadientes decidí sustituir la mantequilla por plátano. Que oye, no es lo mismo (y tengo que decir que casi ni parecido), pero están muy buenos. Así que para todos esos caprichos dulces aquí queda esto.

Para unas 6 unidades

2 plátanos muy maduros (unos 200 g)
150 g de copos de avena
8-10 arándanos deshidratados
1 cucharada de postre de miel (opcional)

Trituramos los plátanos hasta que no queden grumos. Añadimos la avena y mezclamos muy bien con el plátano. Cortamos los arándanos en trocitos y echamos a la mezcla. Removemos muy bien. Extendemos en un recipiente, pintamos con la miel (si queremos podemos mezclarla con una pizca de agua para que sea más "untable") y metemos al horno unos 40 minutos a 150º (yo los dejé más tiempo que me gustan doraditos). Sacamos, cortamos calientes y dejamos enfriar. ¡A disfrutar!

Yogur de fresas al anís


No sé cuál será la razón de que no haya recetas de yogur de fresas por el mundo blogero. Supongo que tiene que ver con que las fresas no cuajan igual. Pero sólo hay que estar un poco ojo avizor porque en unas horas se empieza a formar el suero yoguril en mitad de los recipientes. Puede que no queden muy bonitos a la vista, pero al paladar: ¡ayyy!. Y total, los yogures tampoco son una cosa que vaya uno a llevar a una exposición de arte (excepto si es Arco, que ahí puedes exponer hasta un rollo de papel higiénico quemado y una hoja de parra al lado con un lacito rosa y decir que es una crítica al concepto de progreso de Comte y una reivindicación de la vuelta a los orígenes).
Pues nada, unos yogures muy ricos en la mejor época de las fresas. Recomendado totalmente.

Para 7 yogures

1 litro de leche desnatada
1 yogur natural desnatado
50 g de azúcar o edulcorante al gusto
2 cucharadas soperas de leche en polvo
200-250 g de fresas
1 cucharada sopera de anís en grano

Ponemos a calentar la leche en un cazo con los granos de anís. Infusionamos y dejamos enfriar. En otro cazo ponemos las fresas en trocitos con el azúcar y cocinamos unos 10 minutos a fuego lento. Dejamos enfriar. Una vez está todo frío mezclamos con el resto de ingredientes y pasamos por la batidora. Repartimos en los vasitos de la yogurtera y dejamos unas 8 horas (estad pendientes). Retiramos y metemos en la nevera al menos 4 horas antes de consumirlos. ¡A disfrutar!

4 de mayo de 2015

Cortadillos de cabello de ángel


(Léase cantando el villancico) "Navidaad, navidaaad, ya no es navidaaad. Pero a mí me da lo mismo, ¡a lechucear!". ¡Aaaaay! ¡Cuánto sufrimiento! Estamos ya en la época en la que empiezan a aparecer las recetas de aprovechamiento de turrones y demás productos navideños que nos han quedado rondando por casa o que hemos dejado adrede para tal propósito (suspiro por el helado de turrón duro de A falta de lexatín buenas son tortas). Ha pasado ya un tiempo prudencial y la saturación que en esa época azota a la mayoría de los mortales se ha disipado también. Y digo la mayoría porque yo podría pasarme el año entero comiendo turrón de frutas, mantecados y cortadillos. Sin despeinarme ni nada. Así que mientras se empiezan a aprovechar los restos yo desaprovecho todo y me pongo a hacer unos cortadillos de cabello de ángel en primavera. Porque así soy yo, una revolucionaria nata (que ya quisiera el Che Guevara). Que digo yo que en alguna parte del mundo será navidad y tampoco estaré desbarrando tanto ¿no?. Si es así, estos cortadillos son para eso, para celebrar la navidad en Gdjkdhjflandia (cof, cof...creo que no. El que no se contenta es porque no quiere). 
Pero como están tan buenos da igual que sea diciembre, abril o agosto. Me sentaron de gloria bendita y eso no se paga con nada (excepto con la báscula, que es un objeto del demonio). Si os apetece, ya sabéis ¡cero complejos estacionales!

Para una bandeja hermosa

500 gramos de harina floja
200 gramos de azúcar glas
220 gramos de manteca de cerdo
1/2 vaso de Vino Blanco
Una cucharada de postre de anís en grano molido (se puede echar también canela y vainilla)
450-500 g de cabello de ángel para el relleno
Más azúcar glas para decorar

Mezclamos todos los ingredientes excepto el azúcar de decoración y el cabello de ángel. Amasamos bien hasta que sea una masa compacta. Dividimos en dos la masa, las pesamos para que sean iguales y con un rodillo las aplanamos en forma de rectángulo. En distintos blogs y foros he visto cómo la gente se quejaba de que era muy difícil de manejar, para mí esa apreciación sigue siendo un misterio. Sobre una de las placas aplanadas extendemos el cabello de ángel. Tapamos con la otra placa de masa. Metemos al horno unos 45 minutos a 180º, como depende del horno estad pendientes no se os vayan a tostar demasiado. Sacamos y dejamos templar. Ahora podemos cortar la masa en cuadraditos y espolvoreamos con el azúcar glas que teníamos para ello. Dejamos enfriar del todo y ¡a comeer!



Crema de apionabo, calabaza y alcaravea


Ya sé que estáis pensando: "¡Pero qué haces loca! ¡Que ya hace buen tiempo, deja los purés y las sopas!". Pero os prometo que no soy yo. Soy la principal afectada de una conspiración judeomasónica entre las verduras de la nevera y mis pies fríos. Intento luchar contra ella pero el tándem es perfecto. Al final las verduras, en sopas y cremas, me calientan la barriga y los pies y, como el bienestar es supino, no puede una resistirse a tal complot. Eso sí, ha quedado ya inaugurada la temporada veraniega de barbacoas. Así que, exactamente igual que el tiempo primaveral, una de cal y otra de arena (¿cuál es la buena?), que yo soy muy gallega (sí...un poco mala también) y hasta el 40 de mayo no me quito el sayo (que en mi caso tiene forma de cuchara). Pues nada, si todavía estáis como yo entre Pinto y Valdemordor y os apetece cucharear os dejo esto por aquí.

Para dos raciones

200 g de calabaza
250 g de apionabo
1 cucharada de postre de alcaravea
1/2 cucharada sopera de aceite de oliva
500-600 ml de agua
sal al gusto

Echamos en una olla el aceite de oliva y las semillas de alcaravea. Tostamos las semillas ligeramente (no mucho porque si no amargan). Vertemos el agua y añadimos la calabaza, el apionabo y la sal. Dejamos cocer unos 15 minutos, hasta que el apionabo ablande. Trituramos con la batidora y servimos. ¡Que aproveche!

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